| os encontráis: el potencial Económico del paÃs
El dÃa de ayer y de hoy, las perspectivas del desarrollo de mañana "Filipsa" son reflejadas en la exposición "Evoljuona". Esto en absoluto el museo, y cientÃficamente-centro de información el gigante de la industria holandesa. El edificio "Evoljuona", ultramoderno no sólo por el contenido, sino también por el aspecto arquitectónico, que yace sobre doce pilones a modo de la letra Â"VÂ" latina, atrae la multitud de aficionados de la ciencia y la técnica.
En el centro Ejndhovena, cerca de la estación ferroviaria, es establecida la escultura de Antón Filipsa. Él cuesta con la cabeza desnudada, teniendo en los manos el sombrero, como si saludando a los obreros que tienen prisa a las fábricas, elevado por su por energÃas y la mente y claro el trabajo de estas personas, que han traÃdo a la familia Filips no sólo la gloria, sino también el estado enorme.
es bastante bien conocido en el mundo y el nombre Antoni Fokkera, pero poca gente sabe que él también el holandés. En 1919 en PaÃses Bajos él comienza la producción de los aviones y durante diez años los saca al nivel de los mejores estandares mundiales: ya en 30 años un de los modelos de los aviones, hechos por ello, era comprado por 27 paÃses. El primer avión talantlivsh ha construido a A.Fokker para Albert Plesmana, que los contemporáneos han apodado Â"el holandés volanteÂ" y que es conocido como un de los organizadores activos del salón de aviación, primer en el mundo, - la exposición de aviación en Amsterdam en 1919. En el museo Fokkera en el edificio del aeropuerto Shiphol es concentrada ahora la exposición por la historia de la aviación holandesa y la industria aeronáutica.
¿Asà que han dado al mundo, los habitantes de este paÃs pequeño? No basta. Cada pueblo aporta la contribución al progreso de la humanidad. Y es cuánto los nombres nosotros ni llamaban, cuanto ni examinaban las realizaciones de aquellos, a quien pertenecen, es indiscutible sólo uno: hay un Gran Holandés - es al pueblo holandés. Sólo el que, no desgajandose de las raÃces, no aspirando elevar a expensas del aplastamiento de otros, sale al encuentro atrevidamente del objetivo verdadero, recibe la parte de su grandeza, y la gloria de tal persona sobrevive el siglo.
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